«CINCO DÍAS PARA ENAMORARSE»

by - 19:03


PRÓLOGO

“Un hermano puede no ser un amigo
pero un amigo será siempre un hermano”.
Demetrio Falero
Marina
Dios, creo que me he pasado con lascopas de alcohol en esta maldita fraternidad o lo que demonios sea este sitio. Y yo que creía que estas cosas solamente pasaban en las películas americanas de adolescentes híper hormonados.
Miro a mi alrededor y a decir verdad no creo que sea una fraternidad. Más bien es un agujero negro dentro de algún edificio abandonado en alguna parte de Madrid. El tema de las novatadas no se ha quedado en esas películas donde la animadora principal sale con el quarterbackde turno, no. Las novatadas me han pillado y espero que lo hayan hecho con las bragas puestas. 
Bajo la vista a la barbilla y compruebo que tengo dibujado algo negro. Es lo único que alcanzo a ver si bizqueo un poco los ojos. Por favor, que sea un bigote y no un pollón del tamaño de un obús. Busco un espejo por la habitación y encuentro uno lleno de mugre. Me miro y… Mierda, sí que lo es. Dos pelotas negras asoman al otro lado de la cara. Genial. Primera noche en Madrid y he acabado con esto en la cara. 
Busco a Rocío, mi mejor amiga, y la encuentro en otra parte de la habitación. Ella también tiene algo dibujado, pero claro, con el estilazo que tiene, ese pequeño y mono bigote le queda hasta bien. Rocío es de esas chicas pequeñitas con un encanto natural y muy especial. De esas que salen con el pelo despeinado, unos vaqueros rotos y unas bambas a la calle, y no parecen que va a robar al chino de la esquina.
—¿En serio? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? —Bajo mi mano en la que aparece una probeta llena de un líquido verde. 
—No me lo puedo explicar. Yo solo he bajado a por un sándwich a la máquina cuando te he visto aparecer corriendo por el pasillo como una loca. 
—¿Puedo alegar enajenación mental transitoria? —Me llevo la mano a la cabeza sin recordar lo que ha ocurrido.
—Eso en un tribunal no colaría. —Rocío está estudiando derecho. Obtuvo la nota más alta de selectividad en toda España.
—Pero… —no puedo terminar de hablar porque escuchamos unos gritos que se van acercando. Son gritos de hombres. Parece que están persiguiendo a la única virgen del mundo para procrear—. Pero ¿qué coño está pasando?
—Sabía desde el primer momento que te conocí en el instituto que me ibas a traer muchos problemas —dentro de su tono serio puedo ver cómo se empieza a dibujar una sonrisa en su boca—. Pero ¿sabes una cosa? Me encantaste aquel día y lo sigues haciendo. Aunque estés como una maldita cabra.
—No sé si soy lo que a tus padres conservadores les gustaría, Rocío. —Les conocí el primer día y lo supe por su mirada de rechazo a mis pantalones rotos y a mis botas de tachuelas.
—Lo sé. Soy su única hija, la que ha estado encerrada en casa estudiando para obtener la mejor nota, la que no ha salido con ningún chico y bla bla bla. Eso diría mi madre. —Se empieza a reír a carcajada limpia—. ¿Sabes que se morirían si me vieran con lo que tienes dibujado en la cara?
—Lo sé, Ro, pero para tener una polla como esta dibujada en la boca —la señalo— hay que tener algo especial.
—Lo que hay que tener es poca vergüenza. —Tira de mi mano para salir.
—¿Vergüenza para irnos a comer algo? Mis tripas piden burritos de media noche y un batido de chocolate con nata. 
Al salir nos encontramos a los hombres que emiten esos rugidos y dos de ellos me cogen en volandas para mantearme. Me parece que voy a acabar cenando burritos con un pollón en la cara y sin dientes. Sería una bonita foto para la orla de la universidad. Marina Castro alias la sindi
—Marina, Marina, Marina —corean al mantearme.
—¿Qué he hecho? 
El más grande de ellos me coge entre sus brazos y me aleja de todos un poco. Cuando me deja en el suelo veo que lleva un sujetador, mi sujetador para ser más exacta. Al menos no lleva mis bragas rosas.
—¿Puedes decirme cómo has acabado con mi sujetador?
—Joder, Marina. Tu apuesta. 
—¿Mi apuesta? —No sé de qué demonios está hablando. 
—Eres tú la que nos has incitado a correr desnudos por el parque de la universidad. Has sido la primera en quitarte la ropa sin pensártelo. —Me fijo y veo que solo llevo mis botas y una camiseta de baloncesto excesivamente grande.
—Ya decía yo que me entraba aire por los bajos. 
—Eres pura dinamita, nena. Creo que estos años nos lo vamos a pasar muy bien. 
De repente escuchamos a la virgen que persiguen justo a nuestro lado. En realidad, es ella la que les está persiguiendo. 
—¿Ahora paráis? ¿Es que el decano ha aparecido? 
A nuestro lado se encuentra una rubia con los ojos azules, vestida con un horrendo mono naranja y un número en su pierna escrito que me quedo mirando.
—Alicia, ¿qué crees que dirá papá y mamá cuando se enteren de esto? —El tío grandullón que está a mi lado señala a la presidiaria.
—Venga, no me jodas, Lucas —se dirige al chico que tengo al lado —. ¿Se lo vas a contar tú? Porque si lo haces le diré que me obligaste a beber y corriste desnudo incitado por una...
—Yo no he incitado a nadie —contesto sin pensar. 
—Claro que sí. He visto cómo apostabas a que si te deshacías del sujetador en menos de diez segundos sin quitarte la camiseta, ellos tendrían que correr desnudos y uno de ellos con tu sujetador. —Esta acusación es correcta por nuestras pintas.
—Vale, soy culpable, pero que nos les ha costado nada hacerlo.
—Ya sé yo lo que trata de hacer mi hermanito para ligarse a una morena tan guapa como tú. —Me tiende su mano con una gran sonrisa en la cara—. Me llamo Alicia y soy la hermana de este mendrugo con sujetador. Oye ¡qué mono es! ¿Ya te ha pedido tu número? —su hermano agacha la cabeza avergonzado.
—Joder, Ali, eres especialista en cagarla.
—Ves, yo soy más simple que todo eso. Me he escrito mi número en la pierna y así quien quiera lo apuntará. 
—Eso sí que es ligar a lo grande, Alicia. —Esta tía parece muy auténtica.
—Ahora íbamos a comer algo, ¿te apuntas, Alicia? —Rocío sigue frotándose la cara tratando de borrar el bigote hasta dejarse una gran marca roja—. Definitivamente no sale. 
—Sí, que me muero de hambre. 

Las tres nos dirigimos a una cafetería cercana donde trabaja mi amiga Luz. Al vernos entrar con estas pintas se empieza a reír. No nos hace preguntas ya que su jefe está cerca. Pedimos comida como para un regimiento y nos sentamos en la parte de atrás en una pequeña terraza a solas. Luz se une a nosotras en cuanto cierra el bar. 
—¿Por qué llevas eso en la cara, Marina? —Luz me señala.
—Porque seguramente habré perdido alguna estúpida apuesta que yo misma he propiciado. —Pasa su dedo por lo dibujado y niega con la cabeza—. Por favor, dime que se borrará o que harás maravillas con el maquillaje. Mañana tengo una entrevista de curro… O me lo quitas o me planto pelo y voy como la mujer barbuda. 
—¿Maquillaje? —Alicia mira a Luz mientras engulle una hamburguesa de tres pisos. 
—Sí, estudio —se queda callada sabiendo que todo lo que el título de sus estudios dice es casi incomprensible— estudio maquillaje profesional, entre otras cosas. En una academia muy profesional —al decirlo se quiere convencer de que el pastizal que está pagando servirá en un futuro.
—Y muy cara. 
Luz y yo nos hemos conocido hace un par de meses en este mismo bar.
—Por eso por las noches curro en este antro de perversión que tiene unos burritos que Marina adora. 
—A los que me has hecho adicta, Luz. No sé qué les echáis, pero es que me derrito con ellos.
—Tus palabras textuales fueron —se aclara un poco la voz—: «un orgasmo para mis papilas y para mi entrepierna». 
—Bueno es que aquella noche no tuve ningún otro orgasmo y tuve que conformarme con el burrito. 
—¿Tú que estudias, Alicia? —Rocío pregunta mientras se come su sanísima ensalada. 
—Medicina. Me quiero especializar en cirugía infantil. —El teléfono de Alicia comienza a sonar y podemos ver que manda al bar a su interlocutor. 
—Chicas, viene Natalia, una amiga mía que no conoce a nadie en la ciudad. La escritora que hará de este encuentro una novela de esas que tanto venden. 
—Podemos ser “El club de las cinco”. —Nos empezamos a reír—. Yo tampoco conozco a nadie en la ciudad excepto a Marina. —Luz me guiña un ojo. 
—Creo que es un buen momento para sacar champán del caro y brindar. —Rocío se empieza a desatar.
—Siento joderos la celebración, pero aquí lo mejor que hay es sidra. —Hago una falsa mueca de tristeza.




Diez años después seguimos brindando con sidra para recordar cómo nos conocimos, de la manera más loca y extraña, y que nos convirtió en una pequeña familia. Cinco chicas de diferentes puntos de España que llegamos a Madrid para sobrevivir y experimentar. 

Diez años después vamos a hacer lo mismo en Londres, pero esta vez en vez de burritos y sidra, brindaremos con sushi y sake… para empezar.

Bienvenidas a Londres, chicas.


Título original: Cinco días para enamorarse.
Primera edición: Vitoria, 8 de febrero de 2016.
Diseño de portada y contraportada: Marta Lobo

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