«EL ACCIDENTE DE MI VIDA»

by - 19:50



PRÓLOGO
Lastres, junio
Sí, soy una zorra. Pero una de manual. Bueno, no, era una zorra. Hace un par de meses mi vida se basaba en conseguir todo lo que quería a base de engaños y algunas artimañas. Me he dedicado a utilizar a los hombres a mi antojo para obtener todo lo que se me quería conseguir. Sí, ya lo he reconocido. Dicen que es el primer paso para recuperarse en un proceso 
Pero no solo vale reconocerlo para superarlo, no. Ahora mismo me encuentro en un banco en plena noche esperando a que un taxi me lleve de Lastres a Oviedo. El cielo está tan oscuro que creo que el mismísimo señor –o señora– que esté ahí arriba, va a comenzar a descargar toda su furia contra mí.
—Empieza ya si quieres. Total, no puede pasarme ya nada peor esta noche. —Levanto los brazos esperando un rayo como respuesta, pero no sucede—. No sé cómo he sido tan estúpida. 
Juré no cambiar y en estos últimos meses me he convertido en lo que era en el instituto: una adolescente enamorada en secreto de un tío que solo tenía ojos para otras. He vuelto a ser la chica con gafas de pasta y aparato en los dientes enamorada hasta las trancas de Enol, el hermano de mi mejor amiga. El chico que me destrozó con aquella gran sonrisa cuando se despidió de mí antes de irse de viaje de fin de curso hace ya demasiados años, pero no los suficientes como para recordarlo bien. 
—Adriana, eres imbécil. Antes eras una zorra, pero este tío te ha convertido en una idiota y has caído en la trampa al pensar que podrías ser feliz sin pagar por todos tus errores. No tenías que haberte enamorado. Estúpida, estúpida, estúpida. —Me golpeo en la frente varias veces. 
Y como siempre, todo ha terminado con un desafortunado accidente. Parece que me persiguen desde muy joven. Uno no me permitió ir al viaje de fin de curso, otro me jodió mi vida perfecta en Milán y el último me acaba de echar de lo que pensaba que era un nuevo comienzo en mi vida. Aunque este accidente viene con nombre y apellidos, junto a una bonita sonrisa. 
Os aviso que adentraros en estas páginas no será nada bueno. Vais a ver mi vida, toda mi caótica vida y la destriparéis. Me juzgaréis, me odiaréis y en algunos casos me querréis dar dos bofetadas. Esas mismas que me he querido dar yo justo hoy. No sé cómo he podido ser tan ilusa de creer que mi vida iba a cambiar si me quedaba en este pueblo. No sé cómo he podido pensar que había encontrado a alguien que no iba a mirar con lupa todos mis actos, alguien que no me ha juzgado ni una sola vez en su vida. No comprendo cómo he sido tan estúpida al creer que Enol iba a ver mi verdadero yo, el que sigue escondido tras todas estas capas. Enol, el único hombre del que no me he querido aprovechar nunca. 
¿Os preguntáis qué ha pasado entre nosotros? 
Nuestra historia se remonta muchos, muchos años atrás. Enol es el hermano de mi mejor amiga Covadonga, Covi para las amigas. Toda la vida estuvimos juntos. Nuestros padres son muy amigos y disfrutábamos todos los veranos de un mes en Islantilla, Huelva. En un coche iba Covi con Enol y sus padres. En otro coche, si se le podía llamar así al trasto que teníamos nosotros, íbamos mis padres, mis hermanos Roberto y Jaime y yo. Nos pasábamos todos los días hasta tarde hablando y riendo en la piscina de la casa que alquilaban nuestros padres. Pero claro, nosotras éramos las pequeñas y mientras ellos hablaban de cosas de chicos, nosotras nos teníamos que ir a nuestra habitación cuando ya les molestábamos. 
Debido a nuestros tres años de diferencia de edad pude ver todas las novias de Enol desde los quince hasta los dieciocho. Ellas no me gustaban y al principio pensaba que era porque Enol era como otro hermano. Pero cuando cumplí los quince y él ya estaba en el último curso, me di cuenta. Enol me gustaba, me gustaba mucho, pero él seguía viéndome como a la niña que solía observarle mientras leía en vacaciones.
Aquel año Enol se marchaba a estudiar Derecho a Oxford. Era el momento, mi momento, y necesitaba buscar el más adecuado. Y lo encontré. Mi curso se iba a marchar a Barcelona de viaje de fin de curso y Enol, Jaime y Roberto se ofrecieron para ir se responsables. Vamos, que lo que querían era pasar aquellos días disfrutando de las chicas de Barcelona. Sería nuestro momento. Pero como siempre en mi vida, un accidente me jodió el viaje. 
Dos días antes de irnos, mi hermano Roberto bromeando me tiró de la bici, con tan mala suerte que caí por un pequeño barranco de no más de cinco metros. Me clavé la cadena de la bici en el muslo rasgándomelo. Una bonita cicatriz de diez puntos lo cruza horizontalmente para recordármelo. Mis padres me prohibieron viajar y me tuve que quedar en MI casa, en MI cama, mirando el techo de MI habitación pensando en Enol. Como una penosa psicópata.
La noche antes de irse a Barcelona entró en mi habitación como cualquiera de las mil veces anteriores, pero yo ya no le veía de la misma manera.
—A ver, pequeña, me dice tu madre que estás muy triste por no ir a Barcelona —su tono de voz fue muy irónico.
—No me vaciles, Enol. 
—Vamos a ver, que no va a pasar nada divertido allí. No son más que quinceañeras que harán fiestas de pijamas y poco más. Además, no veas qué plan tan aburrido tiene vuestro profesor de arte. —Sabía que yo adoraba aquella asignatura y siempre me trataba de molestar con ello.
—A mí me gusta el arte, Enol.
—Es que eres un poco rarita, Adri. Reconócelo. 
Entre risas cándidas de él y, ahora que lo pienso, pensamientos demasiado calenturientos de mi yo de quince años, Enol se quedó a dormir en mi cama. 

Y el viaje se acabó, y volvieron para contármelo con pelos y señales, me dieron muchísima envidia y la peor noticia que me podía imaginar: Sandra, compañera de clase de Enol y de mis hermanos, también fue al viaje. Y sí, tal y como os imagináis, se enrolló con Enol. Él, que les había confesado a mis hermanos que le encantaba aquella chica, al final lo consiguió. Y aquel verano tuve que verlos paseando por el pueblo, besándose por el pueblo, metiéndose mano por el pueblo y jurándose amor eterno por el pueblo. Terminé odiando el pueblo.
Así que decidí que en cuanto acabase Bachiller me iría de este pueblo y dejaría todo atrás. Sí, sé que tan solo era una cría, pero entre lo de Enol, y algunos problemas que tuve con mis padres, lo que quería era viajar lo más lejos posible de aquí. Pero gracias al destino y a otro accidente he tenido que volver demasiados años después. Y ahora, seis meses después, me voy habiendo cambiado más de lo que me gustaría admitir y con el rabo entre las piernas. 
Así que adiós a la Adriana de estos meses y bienvenida a la Adriana zorra de nuevo. 
¿Queréis saber lo que me ha pasado estos meses para que quiera ser de nuevo una zorra?
Pasa y conoce mi vida. Descubre cómo los accidentes de mi vida me han convertido en lo que soy. Eso sí, pilla una copa, porque hay tragos que es mejor pasarlos con un buen vino. 

Título original: El accidente de mi vida 
Primera edición: Vitoria-Gasteiz, 21 de junio de 2016
Reedición: Vitoria-Gasteiz, 6 de abril 2018
Diseño de portada y contraportada: Marta Lobo

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