Emocionalmente inteligentes

by - 13:22

Este es el monstruo de colores. 

Hoy se ha levantado raro, confuso, aturdido… 

No sabe muy bien qué le pasa.

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¡Menudo enredo te has hecho con las emociones! 

Así, todas revueltas, no funcionan.

Estoy segura de que habéis reconocido las primeras frases del maravilloso libro El monstruo de colores de Anna Llenas.

La infancia es un periodo crucial en el desarrollo emocional de cada individuo. Sin embargo, muchas crecimos en una época en la que la expresión de nuestras emociones no era siempre bien comprendida ni fomentada.

En mi época, y creo que en la de muchas de las que vais a leer este post, la niña buena sonreía ante cualquier situación, ocultando tras esa sonrisa las complejidades de nuestros sentimientos.

La niña buena sonreía, escondiendo las emociones detrás de una fachada de felicidad constante.

La niña buena sonreía porque expresar el miedo, la ira o la tristeza era a menudo desalentado.

En la actualidad, estamos aprendiendo a abrazar y enseñar a nuestros hijos a gestionar sus emociones, y un recurso que a mí me parece imprescindible en este viaje es el libro El Monstruo de Colores. 

Hoy, reflexionamos sobre esa experiencia y buscamos un enfoque más saludable para guiar a nuestros hijos. 

Desentrañando el pasado   

A nuestra generación nos criaron de una forma y ahora a menudo nos toca luchar por entender y gestionar nuestros propios sentimientos. 


El monstruo de colores: una guía hacia la inteligencia emocional de nuestros hijos (y la nuestra propia) 

Este libro, escrito e ilustrado por Anna Llenas, se ha convertido en un faro de luz en nuestro viaje parental. El Monstruo de Colores presenta al lector al monstruo que experimenta diversas emociones, cada una representada por un color único. Este enfoque visual ayuda a los niños a identificar y comprender sus propias emociones, permitiéndoles navegar por el rico paisaje de su mundo emocional 

  

Cómo el Monstruo de colores nos ayuda a enseñarles 

  1. 1. Identificación de emociones 

  2. El libro presenta al Monstruo de Colores, cada color representando una emoción. Esto facilita a los niños la identificación de sus propios sentimientos al asociarlos con colores específicos. De esta manera, se sienten más conectados con sus emociones y aprenden a reconocerlas sin temor. 


  1. 2. Normalización de la diversidad emocional 

  2. A través de las páginas del libro, los niños comprenden que todas las emociones son normales. No hay emociones buenas o malas; simplemente son parte de la experiencia humana. Este mensaje contrarresta la antigua noción de que solo la sonrisa y la felicidad son aceptables. 

  

  1. 3. Gestión emocional 

  2. El Monstruo de Colores experimenta una montaña rusa emocional, lo cual proporciona una oportunidad para discutir estrategias saludables de gestión emocional. Desde la respiración profunda para la calma hasta la expresión de la ira de manera constructiva, el libro ofrece herramientas que muchos de nosotros no tuvimos en nuestra infancia. 

  

Reflejando en nuestro pasado para transformar el futuro 

Al recordar nuestra propia infancia, reconocemos la falta de orientación en la gestión emocional. La niña buena que sonreía ante todo era una máscara que ocultaba la riqueza de nuestras experiencias internas. Ahora, con el conocimiento adquirido y el apoyo de recursos como El Monstruo de Colores, estamos algo preparadas para guiar a nuestras generaciones futuras hacia una comprensión más profunda y saludable de las emociones. 

  

¿A qué conclusión he llegado al leer El Monstruo de colores?

Al integrar la educación emocional infantil con herramientas como El Monstruo de Colores, estamos forjando un camino hacia una crianza emocionalmente inteligente. Este viaje no solo impacta la infancia, sino que sienta las bases para un futuro donde la inteligencia emocional sea una habilidad valiosa desde la más tierna edad.  

Esto sería hablar de una forma my profesional (cosa que no soy).

A mí me está ayudando a aprender a gestionar mis propias emociones, a meterlas en diferentes compartimentos para no explotar tras un día complicado, y que cuando llega la noche los niños, que son niños de tres y dos años, que quieren jugar cuando hay que cenar; que quieren jugar cuando hay que vestirse; que les pedimos demasiado y no nos damos cuenta de que tienen tres y dos años.

Me está ayudando a respirar y no gritar (tanto). 

Me está mostrando una forma diferente de gestionar mis propias emociones. 

Que no es un remedio absoluto, pero que con un pequeño monstruo lleno de rarezas y emociones mezcladas, puede que te ayude a organizarlos como nos debieron enseñar de pequeñas.

Para que ahora la niña que sonríe, sonría de verdad.


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